Es común asumir que el lenguaje se aprende desde estímulos externos, mediante la
imitación e interacción social, o que en su defecto requiere horas y horas de estudio y
dedicación. Sin embargo, esto fue cuestionado por el filósofo y lingüista Noam Chomsky,
quien propuso que el lenguaje es una facultad biológica innata del ser humano, lo que lo
hace capaz de entender cualquier idioma o lengua, por ende desenvolverse en la
sociedad, integrarse a una cultura, entender al mundo que lo rodea, a sí mismo, aprender,
comunicar, crear, etc.
La sordera o discapacidad auditiva supone una barrera para el aprendizaje y desarrollo
del ser humano porque limita esa herramienta fundamental en la que este se aprende: la
interacción social que da la escucha y posterior imitación.
De esta forma el lenguaje para
sordos, el lenguaje de señas y demás herramientas fundamentales para derribar las
barreras del aprendizaje para personas con sordera de cualquier grado, aparece como
una solución. Sin embargo, esta solución es parcial pues hay un componente que implica
un obstáculo para el aprendizaje externo y es ahí donde la teoría de Chomsky es muy útil.
Él hace referencia a la sintaxis, siendo ésta el sistema de reglas a través del cual nuestro
cerebro elige y ordena las palabras, y es lo que nos permite entender mensajes complejos
sin esfuerzo. El proceso de aprendizaje de una persona sorda, al depender en gran
medida de una ruta visual, encuentra un gran obstáculo en entender morfemas o palabras
con significado ambiguo o que varían dependiendo de su uso en una oración o contexto.
Es ahí donde la logogenia, apoyada en la teoría innatista del lenguaje (la sintaxis no se
enseña, se activa pues es una facultad humana) encuentra cabida para fortalecer el
lenguaje para sordos y cerrar aún más la brecha educativa.
La logogenia es un método de lecto-escritura que activa las estructuras sintácticas del
cerebro, es por esto que se debe implementar
independientemente de si la persona conoce el lenguaje de señas, pues es importante usar la lengua y la escritura para hacer
visibles las palabras difíciles de captar e interpretar.
Un ejemplo y la principal herramienta para enseñar esto es “el par mínimo”, en el que 2 frases que solo se diferencian por un detalle adquieren significados distintos. Por ejemplo: “Dame el borrador y el lápiz” , “Dame
el borrador o el lápiz”.
La logogenia es un método relativamente reciente, propuesto por la doctora mexicana
Bruna Radelli hace cerca de 20 años. “Los resultados reportados en Italia, España,
Portugal, México y Colombia confirman efectivamente la adquisición de la lengua escrita
por parte de los sordos que han sido sometidos al método al punto de poder comprender
lo que leen y de escribir como un niño oyente de su edad, teniendo la posibilidad de hacer
uso de la lectura y escritura como medio de comunicación único, o adicional a la lengua
de señas o al habla.” (Proyecto Logogenia con la Secretaría de Salud de Bogotá).
A través de las estrategias de logogenia, se garantiza que el niño entre en contacto con
diversas estructuras e identifique el contraste entre las estructuras gramaticales, las
oraciones que están “bien escritas” y las que no, atendiendo por ejemplo al género, al
número y a los tiempos verbales, dando una comprensión mucho más completa del
lenguaje y permitiendo hacer un mejor uso del mismo.
Acompañado de la logodáctica, la logogenia brinda al niño y adolescente sordo el impulso
necesario y suficiente para activar su mecanismo de adquisición de la lengua (para
nuestro caso el español), independiente de que se comunique a través del lenguaje oral o
por medio de la lengua de señas. Requiere trabajo individual con el estudiante y en
equipo con las familias para garantizar su exposición a la lengua escrita en su entorno.
Este método se implementa con éxito en la Fundación ICAL desde hace 9 años.