El peso de la tradición y la cultura muchas veces atasca el progreso de una sociedad. El imaginario se termina por imponer a las demandas sociales y los cambios más necesarios desaparecen del debate público, incluso antes de entrar en él. Pero el cambio que busca el progreso en una sociedad solo se logra al entender las necesidades de su población.
La Declaración de Salamanca (UNESCO, 1994), documento político que defiende los principios de una educación inclusiva, propone que “todos los alumnos tienen el derecho a desarrollarse de acuerdo a sus potencialidades y a desarrollar las competencias que les permitan participar en sociedad.”
Es común escuchar las múltiples falencias y barreras en materia de educación que existen en el país. La guerra, pobreza, falta de recursos y accesos a zonas municipales o veredales y, como si fuera poco, ahora las consecuencias de la pandemia ( “Más de 100.000 niños dejaron de estudiar en Colombia por la pandemia” - El Tiempo). Estas afectan al sistema educativo que agoniza y que requiere cambios estructurales para garantizar un acercamiento a una verdadera educación incluyente.
Se trata entonces de no dejar sin oportunidades a personas que por su condición son consideradas discapacitadas y además, en muchos casos, minorías. Pues estos factores no determinan las múltiples facultades o talentos que estas poblaciones tienen para ofrecer a la sociedad. ¿Cómo avanzar entonces hacia un sistema educativo que garantice la inclusión de poblaciones vulnerables como pueden ser, para los propósitos de este artículo, las personas con discapacidad auditiva?
A pesar de las medidas inclusivas cada vez más generalizadas, los niños y en general las personas con discapacidad auditiva siguen encontrando barreras para participar en igualdad de condiciones con las demás en la vida social. Esto a la larga, quiérase o no, termina por vulnerar sus derechos, en especial en materia educativa. El sistema actual requiere volcar sus esfuerzos hacia necesidades específicas, no solo las que tienen que ver con el entorno físico (siendo éstas muy importantes y las más evidentes) sino también debe tomar en cuenta el entorno social y emocional que complementa el desarrollo académico integral de un estudiante.
El aprendizaje se da a través del lenguaje que, al verse limitado, obstaculiza el desarrollo cognitivo, viéndose más lento que el de los oyentes. También se da a través del juego, entendido como forma natural, inconsciente, sin esfuerzo y divertida en la que los niños construyen sus aprendizajes y su desenvolvimiento en ámbitos sociales.
El lenguaje para sordos (tanto desde la postura oral, como desde la lengua de señas colombiana-LSC) es sin duda el primer objetivo. Como base fundamental para su desarrollo es prioritario trabajar desde edades tempranas para evitar el retraso y la desigualdad. Para esto los apoyos visuales y el aprovechamiento de los restos auditivos son muy importantes, además del trabajo continuo de la fonética.
La pandemia trajo consigo la digitalización absoluta de la vida y las herramientas e innovaciones tecnológicas son de alguna forma esperanzadoras en lo que a materia de inclusión concierne. Igual que ocurre con la educación rural, donde las limitaciones físicas son comunes, las herramientas digitales encuentran oportunidad. El contenido visual que los medios virtuales ofrecen es mucho más amplio, asertivo y didáctico, incrementando la motivación, el interés, el grado de atención y compromiso del alumno. Además la irrupción ahora absoluta de la tecnología en el día a día sugiere una oportunidad para que el sistema educativo adopte todas sus virtudes y avance hacia una sociedad con menos desigualdad en materia de acceso a educación. Para el desarrollo del lenguaje puede ser una ayuda tremendamente significativa.
Si bien la tecnología será protagonista en la transformación del sistema educativo, el entorno físico y el desenvolvimiento en él no dejan de ser claves para el desarrollo humano. Desde el acondicionamiento de las aulas -con sistemas de frecuencia modulada, sentando al niño cerca del profesor y controlando los niveles de ruido- hasta el uso de apoyos que fomentan la participación de los niños en actividades y juegos grupales, empezando por el lenguaje de señas, así desde las edades más tempranas conocen el manejo de la lengua y la figura de un modelo lingüístico. Todo esto contribuye a mejorar sus habilidades sociales y de integración y, al mismo tiempo, concientizan a sus compañeros de la diferencia y del apoyo que pueden brindar.
La formación de docentes también debe empezar a abarcar estos terrenos, no solo el dominio de las herramientas digitales, sino de su aplicación enfocada en una educación interactiva, incluyente y lúdica que es justamente lo que requiere la sociedad. Para esto es necesario un entendimiento de la sordera como condición y mantener una comunicación constante con la familia del niño para coordinar tareas extracurriculares y atenciones especializadas a los posibles problemas emocionales, como baja autoestima, desmotivación y depresión. Abarcando de forma integral e innovadora los problemas y necesidades de esta población, encontraremos soluciones duraderas y de verdadero impacto.