Por: Diana Agudelo Rojas, Líder de proyectos
Agosto-2020 - La historia hoy se cuenta de una manera diferente. Un evento no planificado, y ni siquiera
considerado dentro de algún sistema de gestión del riesgo organizacional en el país, nos llegó de
repente: crisis por pandemia. Esto afectó el funcionamiento tradicional de todo tipo de
organizaciones: privadas, públicas y, por supuesto, del tercer sector. Este último ha multiplicado
sus ya arduas labores y ha debido ser rápidamente resiliente ante un contexto que no le dio
tiempo suficiente de asimilar la situación pero que de todas formas debió asumir con liderazgo.
El sector de la ESAL en Colombia u ONG a nivel global ha mutado durante estos últimos meses. En
la Fundación ICAL podemos dar fe de ello, transformando significativamente nuestros modelos de
atención e innovando a la hora de buscar recursos, tarea cada vez más compleja; contamos con la
fortuna de no haber cerrado nuestras puertas (como muchas otras organizaciones del sector) y de
haber desarrollado nuevas habilidades adaptativas.
Damos cuenta de resultados de éxito en medio de la crisis: nuestro colegio continúa funcionando y
atendiendo a 171 niños y niñas, de los cuales el 72% tiene algún tipo de déficit auditivo y, en esa
misma proporción, pertenece a los estratos 1 y 2 de Bogotá y Cundinamarca. Nuestra IPS sigue
prestando sus servicios, con una cobertura de más de 350 pacientes desde que inició la
cuarentena nacional en marzo.
Las familias de un buen número de nuestros jóvenes beneficiarios han vivido momentos de desesperanza, pérdida de ingresos y carencia de recursos de todo tipo en sus hogares. Con mucho esfuerzo y con el apoyo de personas y de organizaciones solidarias*, logramos llevar alimentos y otros artículos de primera necesidad en varias oportunidades a cerca del 70% de nuestras familias, aquellas 115 que más lo necesitaban. Para ello desarrollamos dos grandes campañas de recaudación a las que se unieron más de 40 donantes.
El ejercicio tecnológico fue todo un reto, no sólo implicó reaprender y transformar nuestra metodología al tener que dar las clases inclusivas a través de herramientas tecnológicas que no acostumbrábamos a usar, sino dar solución a aquellos casos de estudiantes que no tenían acceso a dispositivos ni a conexión a Internet. En este sentido, logramos conseguir 20 dispositivos y cubrir con acceso a Internet a 20 estudiantes.
Durante el proceso de educación desde casa desarrollamos alternamente la evaluación de su efectividad, encontrando niveles altos de satisfacción (superiores al 95%) tanto de los estudiantes como de sus padres. De igual manera, evaluamos los servicios prestados desde nuestra IPS, con resultados análogos. Esto nos llena de alegría por la labor realizada a la vez que nos motiva a continuar innovando y mejorando.
Adicionalmente, desde nuestra Fundación hemos brindado atención psicológica a 21 de nuestros beneficiarios. Esto en respuesta a la detección temprana que hicimos de estados de depresión y ansiedad generada al inicio de la cuarentena en nuestros estudiantes adolescentes*. Encontramos que alrededor del 40% de ellos requería atención psicológica especial frente a los nuevos retos del entorno. Este tipo de atención se hizo extensiva al equipo de trabajo.
Hemos estado presentes en espacios de participación del sector social durante la cuarentena como la charla liderada por nuestro Director, Julián Falla, sobre “Políticas que toda organización debe implementar tras una crisis económica”, coordinada por el Programa Aflora. También hemos adelantado varios compromisos de la Confederación Colombiana de ONGs –CCONG- como la rendición pública de cuentas y la asistencia a diferentes encuentros.
Un aspecto a resaltar es que nuestro equipo de trabajo de 58 colaboradores sigue completo. La Fundación ha cumplido con todas sus obligaciones institucionales y legales. Ello ha implicado todo un gran esfuerzo financiero considerando el contexto inesperado de crisis. En el marco de nuestra Política de Transparencia, evidenciamos que los recursos con los cuales hemos logrado continuar a flote corresponden en un 51% a financiación pública, en un 20% a ingresos propios (por venta o prestación de servicios), en un 19% a la obtención de préstamos y en un 10% a donaciones tanto privadas como de personas naturales.
Somos conscientes de que este tipo de contextos llegan también con nuevas oportunidades de
aprendizaje y de crecimiento. Por ello, no nos hemos quedado quietos y estamos en constantes
búsqueda y acción para continuar evolucionando; por nuestros niños y jóvenes, por un mejor país,
con inclusión y acceso justo a oportunidades para quienes conviven con funcionalidades
diferentes.
Brindamos agradecimientos especiales a la Fundación John Ramírez Moreno, a Claro Colombia y a
cada uno de los donantes que nos han acompañado y apoyado durante estos tiempos de crisis
para seguir cumpliendo nuestra misión.